CR EL MERCADO DE HIERRO DE CIUDAD REAL

La arquitectura de hierro llega al interior de la ciudad con la presencia de dos elementos esenciales: las estaciones que van entendiendo su carácter industrial con el paso de los años y los mercados que se introducen en el interior de las mismas.

Los mercados municipales

A lo largo del siglo XIX, los municipios asumieron nuevas competencias,  entre las que se incluía el abastecimiento, dando lugar a un gran número de ordenanzas y reglamentos para controlar la venta de los productos comestibles, su calidad, sus condiciones de salubridad e higiene. Así, al secular control y monopolio que ejercieron los ayuntamientos sobre el abastecimiento de las ciudades siguió ahora, cuando las medidas del libre comercio rompieron viejas ataduras, otro tipo de fiscalización que se manifiesta públicamente en el mercado de abastos.

El modelo de les Halles de Paris se quiere implantar en España en diferentes lugares especialmente en Madrid y por ello en un momento dado el Ayuntamiento decidió encargar al arquitecto Mariano Calvo y Pereyra sendos mercados en hierro para las plazas de la Cebada y de los Mostenses, cuyos proyectos fueron aprobados por la corporación en mayo de 1868. El mercado estaba construido a base de pórticos, esto es, de vigas horizontales sobre montantes verticales. Una solución que permitía montar los elementos prefabricados con facilidad y cuyo esquema básico, consistente en dos columnas de fundición que soportan una viga laminada, fue el más repetido en toda la historia de la arquitectura del hierro.

El mercado de san Antonio de Barcelona es el más característico, por apartarse en su disposición de las formas generales […] levantándose por entero en toda una manzana del ensanche de Cerdá y, por lo tanto, sobre un solar en forma de octógono en el que, lejos de ajustarse a su perímetro achaflanado, se asienta libremente, disponiendo dos ejes. Fue proyectado por el arquitecto Antonio Rovira y Trías y construido entre 1876 y 1882. Barcelona conserva aún su primer gran mercado en hierro, el mercado del Borne, anterior a los ya citados, si bien cerró sus puertas en 1971 y, tras muchas vicisitudes, se abrió de nuevo en 2009 como centro cultural.

Palencia mantiene también en pie el mercado que proyectó el arquitecto Juan Agapito y Revilla en 1895, quien luego sería arquitecto municipal de Valladolid. En 1898 se comenzó el de Abastos de Salamanca, proyectado por Joaquín Vargas, construido por los talleres de Pérez Moneo y Compañía, empresa fundada en Salamanca por Anselmo Pérez Moneo, en 1881. Interesante es el mercado proyectado por el arquitecto municipal de Almería, Trinidad Cuartara, para su ciudad (1892), y en esta línea se podrían citar varios como el de Málaga, donde aún se conserva el mercado municipal, que inicialmente se llamó de Alfonso XII (1879), obra del arquitecto municipal Joaquín Rucoba, quien ya había hecho la plaza de toros de La Malagueta y más tarde proyectaría el frontón Beti-Jai, en Madrid, ambas obras con una importante estructura metálica. El mercado malagueño de Alfonso XII, también llamado de las Atarazanas, es un proyecto que se sale de lo común en su planteamiento inicial, pues incorpora la antigua portada de las atarazanas nazaritas del siglo XIV de la que fue ciudad hispano-musulmana.

            En Alicante el proyecto es un edificio con elementos de inspiración modernista. Fue construido bajo la dirección de J. Vidal Ramos entre 1911 y 1912, sobre la muralla del S. XVIII que circundaba Alicante. Mercado que conserva una intensa actividad como lugar de venta de productos locales de calidad. En Valencia hay diferentes mercados. El mercado Colón de Valencia es un proyecto ubicado en lo que antiguamente fuera la fábrica de gas del Marqués de Campo. Fue proyectado en 1914 por Francisco Mora Berenguer (1875-1961 El mercado central es una construcción de estilo modernista valenciano que se empezó a construir en el año 1914 por Francesc Guàrdia i Vial y Alexandre Soler i March.

 Mercado de Ciudad Real.

Ciudad Real tuvo su mercado en el lugar denominado alcaná de san Antonio. Cuando se incendió en 1396 seguirá en el mismo espacio hasta su traslado a la calle Mercado Nuevo (María Cristina). El mercado se celebraba en la Plaza Mayor con puestos de productos perecederos: fruta, verdura, carne y pescado. La necesidad de disponer de un espacio adecuado con condiciones higiénicas y control municipal lleva a proyectar un mercado en la zona posterior del ayuntamiento en los terrenos donde se sitúa en la actualidad el Gobierno civil y solar colindante. Un gran solar que tenía fachada al callejón del Matadero (hoy   Alfonso X el Sabio), a la calle Nueva y una entrada desde General Aguilera.

Galdós decía en 1865: “Arquitectura de alambre y talco […] Sustituyendo la ojiva gótica, la columna salomónica y el capitel por la escueta pilastra de hierro fundida en los talleres de Liverpool; sustituyendo las bóvedas de piedra por tinglados más o menos transparentes y armazones más o menos ligeros”. Los cambios de estructura y concepción suceden no ya en el ámbito industrial, no sólo en el mundo ligado al ferrocarril, no en los modernos puentes de carretera, sino en el corazón de la ciudad, en sus plazas, allí donde se había forjado la historia de la arquitectura, aquella que era medieval o barroca, aquella que con arcos y bóvedas se ve desplazada ahora por armaduras metálicas, ligeras y transparentes, como las que cubrieron los mercados de abastos dice Pedro Navascués.

El primer proyecto de mercado elaborado por Rebollar es de 1887. Rebollar empezaba su Memoria enunciando la necesidad del edificio. El edifico se planteaba con fábrica de mampostería, tabiques de adobes, pies derechos de sesma sobre basas de cantería y los puestos con chapado en sus frentes y costados. Las cubiertas de los puestos de era de zinc y la general del edificio de teja.

El proyecto de 1889 se localiza en un solar comprendido entre la calle de Arcos y callejón del Matadero cuyo solar de forma irregular mide una superficie de 4.581 m2 y 34 dm2. El edificio tenía cuatro fachadas abriendo nuevas calles de 6 metros y se proyecta un edificio de planta rectangular de 22×20 metros con cerramiento de muros de mampostería. El interior se divide en tres vanos por medio de dos series de columnas teniendo los vanos laterales 5 m de luz y 9 la central elevándose esta un metro más que las primeras dando lugar a un lucernario en toda la longitud de la nave. La altura de la nave hasta los tirantes es de 7,80 y las laterales es por término medio de 5,85.

El conjunto de dibujos elaborados por Rebollar propone en su versión final un edificio realizado con estructura metálica. Es la apuesta decidida por la solución constructiva moderna. En los diferentes dibujos del proyecto hay una solución de fachada tradicional austera con la puerta central de acceso y dos huecos a cada lado. Pero las secciones y los detalles constructivos presentan una solución con los elementos de fundición en pilares que soportan arcos metálicos sobre los que apoya la estructura de cubierta. La solución estructural se lleva a la estética de los puestos del mercado con un pasillo central y elementos a ambos lados de este y otros espacios adosados a los paramentos laterales. La perspectiva cónica con la presencia de estos elementos de forma independiente tiene el interés del nuevo lenguaje que hace presente el material que se está introduciendo en la arquitectura industrial y de grandes instalaciones. Hay fotografías de época que muestran una estructura de puestos de gran sencillez.